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miércoles, 7 de octubre de 2026

Después del choque, la verdad no puede esperar. 1/3

​Por / Cesarin Leonardo febles Febles M. A. 

Hoy miércoles a las 4:00 de la tarde, mientras la Asociación de Transporte Seybano (Asotrasey) y su miembros aún lamentan la pérdidas de un destacado compañero, las calles de El Seibo serán testigo junto a decenas de personas, del último recorrido por ellas de Alejandro Peña, “Julito”, quien tantas veces las recorrió para llevar o traer a otro de su diligencias en otras ciudades, o de llegar a tiempo para atender una emergencia en la unidad que manejó en el 9-1-1. 


Ayer martes 6 de octubre, la ficha 44 de Asotrasey, en ruta El Seibo–Santo Domingo, chocó con un camión que, según los reportes, pertenece a Aceite La Joya, en la carretera Hato Mayor–San Pedro de Macorís, muy próximo a un lugar llamado La Virgencita. 


El país conoció su nombre por los medios y las redes, no por un parte oficial. Horas después del choque todavía no se sabía quién conducía ni quiénes eran los demás heridos, ni siquiera aún se ha hecho público el nombre del chofer del camión y su acompañante. Para cualquier familia con un pariente en ruta, ese silencio significó un tiempo de angustia.


El vacío se nota en lo publicado. Unos medios hablan de ocho heridos y otros de diez, entre ellos una niña de tres años. Unos ubican el hecho en el kilómetro 5½ y otros en el 7, en La Virgencita. Hay incluso quien atribuye el camión a otra marca.


Cuando la autoridad calla, el rumor ocupa su lugar. La Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) y la Policía Nacional estuvieron en la escena. Les corresponde decir cuántos heridos hubo, quiénes son, dónde están ingresados y qué se sabe del choque.


La investigación tampoco puede esperar. Urge recoger las grabaciones de cámaras de negocios, viviendas y vehículos del tramo antes de que se borren. Urge tomar ahora las declaraciones de pasajeros, conductores y testigos, y contrastarlas entre sí y con la evidencia física.


Nadie está señalando culpables por adelantado. Pero todo investigador sabe que, después de un hecho con un muerto, quien pudo provocarlo o contribuir a él tiene motivos para acomodar su versión. Las huellas de frenado, los daños y los videos no cambian de opinión.


Cada siniestro analizado a fondo es una lección pública. Saber si hubo exceso de velocidad, un rebase indebido, una falla mecánica, fatiga o un defecto de la vía permite corregir: señalizar un tramo, fiscalizar una flota, revisar jornadas de trabajo, orientar a choferes y pasajeros.


Sin ese análisis, cada accidente queda reducido a una nota de sucesos y a un velorio. La Ley 63-17 creó instituciones para algo más: el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) debe convertir los expedientes en datos, y los datos en prevención.


Esta carretera acumula demasiados titulares. En junio, 16 personas resultaron heridas cuando un minibús impactó una banca en Guayabo Dulce. Quien la recorre a diario tiene derecho a saber qué está fallando, y no solo cuántos cayeron.


Seibo Al Día News pide a la Digesett, a la Policía Nacional y al Ministerio Público un parte oficial inmediato y una investigación abierta, con cámaras revisadas y testimonios contrastados. Se lo deben a la familia de Alejandro Peña, a los heridos y a cada pasajero que mañana subirá a una guagua.


Ante el alarmante deterioro de la seguridad vial, el aumento de las estadísticas mortales de las carreteras dominicanas donde a diario se trasladan cientos de personas es preciso preguntar: ¿Quién se hace responsable de los daños a los pasajeros? ¿En qué quedó el seguro de accidentes que una vez se sumó al pasaje? ¿Quién tiende la mano amiga ante los gastos médicos y las posibles lesiones permanentes a los afectados? 

Espere respuestas en una segunda parte de este artículo.

 #UnSeiboMejorEsPosible

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