Institucionalización y relevo generacional
Por / Cesarin Leonardo Febles M. A.
Continuado con esta serie de artículos que surgen fruto de aquella convocatoria a la que hice mención en los anteriores partes, debo expresar justo eso es necesario. Convocar es apenas el primer paso; el verdadero salto de calidad está en institucionalizar. Muchos miembros de entidades se sumergen el la inacción porque nadie convoca, nadie dirige ni organiza.
Las agrupaciones y gremios de la sociedad civil seibana —juntas de vecinos, asociaciones campesinas, clubes culturales y deportivos, gremios profesionales, organizaciones religiosas y fundaciones comunitarias— deben ser convidadas a asumir, como prioridad propia, la formación y capacitación en los procesos de institucionalización dentro de los que resaltamos su incorporación legal, fortalecimiento estatutario, libros de actas al día, asambleas celebradas en tiempo y, sobre todo, cumplimiento estricto de los períodos de sus directivas.
Este último punto merece subrayarse sin eufemismos. Nada debilita más a una organización comunitaria que las directivas eternizadas, los estatutos engavetados y las elecciones internas que nunca llegan. Una junta de vecinos que no renueva su dirigencia pierde legitimidad ante su comunidad y ante las autoridades con las que negocia. La renovación periódica no es un trámite: es la primera escuela de democracia que conoce un ciudadano, el laboratorio donde se aprende a ganar, a perder y a rendir cuentas.
Y en esa escuela hay un pupitre vacío que urge llenar y es el de la juventud. Capacitar y abrir puertas a los jóvenes no puede seguir siendo un discurso de clausura de actividades. Hay que integrarlos desde las escuelas, ofrecerles becas y otros alicientes que capturen su atención —diplomados en liderazgo, pasantías en instituciones locales, fondos concursables para proyectos juveniles, reconocimientos públicos— para enamorarlos de la participación en acciones conjuntas y del interés colectivo en sus comunidades.
Nelson Mandela lo dijo con claridad meridiana: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Si El Seibo quiere una sociedad civil fuerte mañana, debe sembrarla hoy en sus aulas.
Ese es, precisamente, el papel de la educación moral y cívica. Desde las escuelas deben crearse los espacios formativos —gobiernos escolares, debates estudiantiles, simulacros de votación, visitas guiadas al ayuntamiento— y abrir estos a que sean más que un requisito o formalidad, se debe procurar que creen jóvenes conscientes de su papel en la vida pública y del cumplimiento de las leyes en materia de procesos electorales en todos los niveles.
Un estudiante que a los quince años aprende a elegir su directiva estudiantil, a respetar el resultado y a fiscalizar a quien eligió, difícilmente será mañana un adulto que venda su cédula, su voto por 500 y un pica pollo o por un pase, o que normalice el fraude.
José Martí lo advirtió hace más de un siglo:
“Ser culto es el único modo de ser libre”.Y nuestro Juan Pablo Duarte, fundador de la República sobre los hombros de una sociedad secreta de jóvenes organizados, dejó la consigna que aún nos interpela:
"Trabajemos por y para la patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”.
No se trata, pues, de improvisar líderes cuando estalle la próxima crisis, sino de formarlos con método y con tiempo. Las organizaciones que hoy existen en El Seibo tienen ante sí una doble tarea: ordenar su propia casa institucional y convertirse en semillero generacional. Ninguna de las dos admite más postergación.
#UnSeiboMejorEsPosible



