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martes, 28 de julio de 2026

Fortalecer la Sociedad Civil Organizada: La Impostergable Prioridad para Lograr un Seibo Mejor (2/4).


Por / Cesarin Leonardo Febles M.A.

Iniciamos este artículo refiriéndonos a aquel encuentro en que la sociedad civil Seibana fue convocada por el Consejo Municipal de Desarrollo para participar del Programa Fortalecimiento de Organizaciones de la Sociedad Civil auspiciado por la ASOCIACION SOLIDARIA ANDALUZA DE DESARROLLO (ASAD), la Cooperación Española y la FEDERACION DOMINICANA DE MUNICIPIOS (FEDOMU) donde abordamos esa preocupación que titula este artículo.



En esta continuando, es preciso decir, que el desafío que enfrentamos junto a los que como Confesor Girón, Luiggy Valera y quienes compartimos esta visión no es menor. La sociedad civil seibana padece los males que aquejan a casi todas las comunidades del interior de República Dominicano ya que la dispersión de esfuerzos, liderazgos que envejecen sin relevo, clientelismo que compra silencios, y una apatía comprensible en gente que ha tocado demasiadas puertas sin respuestas.

Pero la historia enseña que donde la ciudadanía se organiza, el abuso retrocede; y donde la ciudadanía se dispersa, el atropello se instala como costumbre.

Y cuando no existe organización, el descontento no desaparece sino que se acumula. Se acumula en el joven que no encuentra empleo ni recreación, en la madre que peregrina por un hospital sin insumos, o con el estudiante que no se le asegura un cupo donde aspirar a recibe una educación de calidad sino una por debajo de lo que merece, en el motorista que teme más al retén en la cueva de una carretera a la entrada del pueblo que al accidente. Esa presión, tarde o temprano, busca salida. Y sin cauces organizados, la salida suele ser el desborde.

Para muestra, un botón. Las recientes quemas de gomas y protestas en los barrios de esta ciudad lo evidenciaron con crudeza. Tras la muerte del joven Librand Alexander Tavares Montero, de 22 años, ocurrida luego de que sus acompañantes acusaran a un agente policial de golpearlo con un casco protector en el tramo carretero El Seibo-Las Cuchillas, sectores como La Jabilla, Cañada Francisca, Loma de Los Chivos, Ginandiana, El Retiro, Los Hoyitos y Villa Guerrero se convirtieron en escenario de barricadas, quema de neumáticos y mucha basura.

Cuando nadie organiza, cuando ningún liderazgo legítimo tiene la capacidad de convocar acciones reivindicativas y protestas pacíficas, cualquiera hace un llamado y los indignados —esos que están hastiados de abusos, de no recibir servicios educativos y de salud de calidad, de ser atropellados, de que se vulnere su libertad de tránsito, de reunión y de recreación pacífica, mayormente jóvenes que claman justicia por casos como el de Librand— pueden desbordarse y terminar en desórdenes que nadie controla y que a nadie benefician.

Que quede claro: la protesta es un derecho constitucional y la indignación de este pueblo es legítima. Lo que no es sostenible es que la única voz disponible sea la del fuego en el pavimento. Una sociedad civil fuerte convierte la rabia en agenda, la agenda en negociación y la negociación en conquistas verificables. Esa es la diferencia entre un pueblo que arde y un pueblo que avanza.

Por eso, como editor de un medio digital que observa y analiza las tendencias sociales de esta provincia, repito la frase con la misma convicción de aquellos comunitarios reunidos en el ayuntamiento de El Seibo: la fuerza de una comunidad está en la unión de su gente.

Insto a la población seibana y nacional a fortalecer la sociedad civil, a integrarse a sus organizaciones y a exigir el fortalecimiento real de los Consejos Municipales de Desarrollo. Imploro además, una participación más activa en todas las acciones que promueven organizaciones como ASAD en pos de mayor participación ciudadana a nivel municipal y provincial. Porque solo unidos —organizados, vigilantes y propositivos— podremos demostrar que un Seibo mejor no es una consigna: es posible.

Espera la tercera y cuarta parte.

#UnSeiboMejorEsPosible

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